El velo cae poco a poco en Irán, pero las restricciones persisten
Las imágenes, cada vez más frecuentes, de mujeres paseando o tomando café en las calles de Teherán con la cabeza descubierta, desafiando la obligación de llevar velo en la república islámica, despiertan interrogantes fuera de Irán. Pero para Elnaz, de 32 años, no representan ningún avance.
"No es en absoluto señal de un cambio de parte del gobierno. No se ha logrado ningún avance en materia de derechos para las mujeres", afirma esta pintora, que, como otros iraníes contactados por la AFP desde París, pidió mantener el anonimato.
"Pese a las apariencias, no se ha producido ningún cambio real en cuanto a las libertades individuales", añade la artista radicada en Teherán.
La obligación de llevar velo, adoptada tras la Revolución Islámica de 1979, sigue vigente en Irán. Pero la aplicación de esta regla considerada un pilar de la teocracia iraní, parece haberse relajado, al menos en algunos barrios de Teherán y en otras ciudades.
La tendencia comenzó tras las manifestaciones de 2022-2023, desencadenadas por la muerte bajo custodia, en septiembre de 2022, de Mahsa Amini, una joven detenida en Teherán por presuntamente infringir este código de vestimenta.
Se prolongó durante la guerra de junio de 2025 contra Israel y luego durante las manifestaciones de diciembre por el costo de la vida, y en el contexto de la actual guerra contra Estados Unidos e Israel, suspendida por un frágil alto el fuego.
"Hace apenas tres años, esto era un sueño", comenta Zahra, de 57 años y radicada en Isfahán, en el centro del país. "Ya no lo llevo, pero me habría encantado vivir esto durante mi juventud", dice refiriéndose al velo.
- "Un precio alto" -
Pero el velo no ha desaparecido.
Si bien casi no se ven más las temidas furgonetas blancas de la policía de la moral patrullando las calles, las mujeres sin velo aún pueden ser citadas por las autoridades.
Generalmente deben llevarlo en los bancos, centros educativos y edificios administrativos.
En los cafés, detrás de las "fotos bonitas" de mujeres con la cabeza descubierta que se ven hoy en día, los dueños han pagado "un precio alto", recuerda Negin, quien administra un café en Teherán.
"Hemos sido tratadas con mucha dureza todos estos años y eso continúa hoy en día. Nos han cerrado en varias ocasiones, nos han multado, hemos tenido que pagar sobornos (...) Lo que me enfurece todavía es cuando ellos dicen que eso es 'libertad' y que las mujeres son más libres", expresa esta mujer de 34 años.
Los derechos de las mujeres siguen limitados en Irán, bajo un gobierno que arrestó a decenas de miles de personas durante las manifestaciones de diciembre y enero, y miles más durante el conflicto actual, según grupos de derechos humanos.
Amnistía Internacional calcula que la "resistencia generalizada" al uso obligatorio del hiyab ha puesto a las autoridades bajo presión los últimos años.
Sin embargo, han continuado imponiendo "el uso obligatorio del velo en los lugares de trabajo, en las universidades y otras instituciones públicas, exponiendo así a las niñas y mujeres que resisten al acoso, agresiones, detenciones arbitrarias, multas y a ser excluidas del empleo y la educación", agregó la ONG.
- "Ningún cambio" -
Ahora se pueden ver en la televisión estatal imágenes de mujeres sin hiyab, siempre que apoyen a la república islámica y denuncien a los enemigos de Irán.
"Cada día más mujeres superan el miedo y se atreven a salir sin hiyab, este fenómeno se está generalizando. Pero no veo ningún cambio en el sistema de gobierno", señala Sahrzad, una ama de casa de 39 años.
"Nada ha cambiado, salvo esos videos de chicas jóvenes que aparecen ante las cámaras de los canales informativos estatales sin hiyab y que gritan "mi líder, mi líder, daría mi vida por él", agregó.
Y la situación es dispar en el país.
En Mashhad, una gran ciudad en el este que abriga uno de los santuarios más sagrados del islam chiita, las reglas son más estrictas, según Mahsa, una estudiante de 32 años.
"Antes de la guerra de 12 días (en 2025), en Mashhad no nos dejaban entrar a ningún sitio sin hiyab", recuerda. "Ahora nos dejan entrar pero no es el mismo nivel de cambio que en Teherán estos últimos tres años".
En Isfahán, considerada una de las ciudades más conservadoras de Irán, Farnaz de 41 años relata haber sido citada en abril al tribunal por no portar el velo.
"Desde hace unos días comenzaron a cerrar cafés debido al uso del hiyab (...). Aquí tenemos que lidiar tanto con el gobierno como con la población. En ciertos barrios, algunas personas religiosas a veces te advierten, te acosan. No solo es la policía de la moral".
Según otra habitante de Isfahán, Maryam, de 35 años, "si quieres tener una actividad social o económica, se espera de tí que lleves el hiyab".
Nadie puede decir cuánto durará esta tolerancia relativa sobre el velo.
"Hemos pagado un precio muy alto para llegar hasta aquí", sostuvo Zahra en referencia a la represión de las manifestaciones de 2022 que dejó cientos de muertos, según grupos de derechos humanos.
"Por ahora ellos (autoridades) simplemente están distraídos por la guerra, pero después ¿quién sabe lo que harán?", se pregunta.
Q.Panagiotou--AN-GR