Valeria, una joven ucraniana que lidia con las cicatrices psicológicas de la guerra
Valeria Khimitch está bien, "en la medida de lo posible", aclara. En un parque bañado por el sol en Kiev, habla de su nueva pasión por la fotografía. Sin embargo, hace unos meses, esta niñera de 23 años intentó quitarse la vida.
Tras más de cuatro años de invasión rusa, el costo psicológico para Ucrania es inmenso.
Estrés crónico, ansiedad, depresión, pensamientos suicidas: trastornos que se han instalado en una vida cotidiana ahora marcada por las sirenas aéreas y los bombardeos mortales.
Según el Comité Internacional de Rescate, en 2026 cerca de 15 millones de ucranianos, aproximadamente la mitad de la población, necesitarán apoyo psicológico.
Valeria intentó "adaptarse" a la realidad de la guerra. Pero, ya debilitada, vio cómo las dificultades personales se sumaban al desafío.
El invierno boreal de 2025 y la peor crisis energética desde el inicio del conflicto que ha puesto a prueba a los habitantes de Kiev, marcó para ella un punto de quiebre.
- Acumulación -
Durante largas semanas de temperaturas de hasta -20 °C, Rusia intensificó sus ataques contra las infraestructuras energéticas de Ucrania, lo que sumió a Kiev en el frío y la oscuridad.
Como millones de personas, Valeria se quedó sin calefacción, agua corriente o electricidad.
Los cortes de luz perturbaron las comunicaciones y la aislaron poco a poco del mundo.
Luego se produjo una ruptura violenta con su pareja. El suelo se "desmoronó" bajo sus pies, dijo.
"Todo se acumula y es muy duro", confiesa a la AFP. "Quería que este dolor se acabara".
Para la psicóloga Tetiana Dzysyak, que dirige una línea de apoyo de la Asociación Nacional de Psicología, este agotamiento se instala progresivamente.
Después de más de cuatro años de guerra, explica, las tensiones se acumulan y algunos ucranianos se ven encerrados en un "túnel cognitivo", donde toda perspectiva desaparece, dando paso a pensamientos extremos.
"La guerra priva al individuo de su confianza fundamental en el futuro. Ya no sabe si va a sobrevivir ni cómo", analiza para la AFP.
"Cuando las necesidades básicas se desmoronan —sueño, seguridad, alimentación—, la vida cotidiana se vuelve mucho más difícil", ejemplifica.
Por el momento, el Ministerio de Salud de Ucrania no ha publicado datos recientes sobre los intentos de suicidio.
Sin embargo, antes de la invasión rusa de febrero de 2022, la línea de ayuda Lifeline Ukraine recibía alrededor de 1.000 llamadas al mes, un nivel relativamente estable.
Para septiembre de 2025, esta cifra ascendió a 6.500, pero el contacto telefónico tuvo que suspender sus actividades por falta de financiamiento estadounidense.
- Desconfianza -
Valeria tenía 19 años cuando comenzó la invasión. Recuerda sobre todo los "destellos de las explosiones" y el sótano de la escuela donde se refugió con sus hermanos menores.
Se fue del país por un tiempo. A su regreso, al vivir cerca de un cementerio, los cánticos de las procesiones fúnebres de los soldados caídos en combate se colaban a diario en su apartamento.
La "oscuridad" de las noches sin electricidad amplificó entonces la sensación de opresión.
"Te quedas ahí, sentada, mirando al vacío. Afuera solo está la luna", cuenta Valeria con los ojos llenos de lágrimas.
En una gélida noche de febrero, durante un enésimo corte de luz, se publicó un mensaje en el grupo de chat de su edificio solicitando ayuda médica urgente.
Los vecinos acudieron rápidamente y encontraron el hogar de Valeria sumido en la oscuridad.
Ella había intentado quitarse la vida.
Tras este intento de suicidio, Valeria rechazó en un primer momento cualquier tipo de ayuda médica, por miedo a que la tomen por "loca".
A pesar de los crecientes esfuerzos de las autoridades, la salud mental sigue siendo un tema tabú en Ucrania, donde persiste la desconfianza hacia un sistema heredado de la época soviética.
Al impacto de la guerra se suma una grave falta de personal para atender a los pacientes, subraya la Organización Mundial de la Salud (OMS). El sistema sanitario, que ya era frágil y estaba mal financiado antes de 2022, se satura rápidamente.
En abril, el Ministerio de Salud de Ucrania introdujo un protocolo para el manejo de conductas suicidas con el fin de alinearse con los estándares internacionales.
Aunque ha comenzado un acompañamiento psicológico, Valeria ha encontrado su salvación sobre todo gracias al oído atento de una amiga.
Hoy, bajo el sol de la primavera, Valeria sonríe. Habla de proyectos, de nuevos amigos y de sus ganas de aprender a patinar.
A pesar de los misiles y los drones rusos que siguen bombardeando el país, la joven se va acostumbrando poco a poco a "esta nueva realidad".
"Cuando estoy afuera, cuando veo a la gente, me resulta mucho más fácil", dice. Hace una pausa. "No estoy sola en este mundo".
I.Athanasiou--AN-GR